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Septiembre
9
mar
2008
Mi bolera de barro
Jesús A. López

Entre homenajes a nuestros héroes del bolo palma , yo quiero dedicarle este recuerdo a una parte de nuestro querido juego: la bolera. Según los ancianos de mi pueblo, antiguamente mi bolera era un camino que descendía de una colina y que terminaba en una explanada a la entrada del pueblo. Ahí, a fuerza de pala y rastrillo, limpiaban el terreno hasta dejarlo bien liso; con bolos y bolas tallados a mano se desarrollaban interminables partidas. Con el tiempo, con mucha pasión y unión, pico, pala y azada en mano, fueron cavando hasta formar la bolera que un día nosotros heredamos.

Mi bolera era muy particular, tenía la forma de un triángulo isósceles truncado. En la base estaba la caja y en el ángulo truncado los tiros, estaba enclavada en un descanso formado por pura arcilla, cuando llovía parecía más la pella de un artista de la cerámica que una bolera. Con el tiempo se fue agrandando, robándole metros al camino, hasta llegar a 20 metros de tiro. Como eran tiempos difíciles y el dinero prácticamente no existía, las bolas y los bolos los fabricábamos nosotros como nos enseñaron nuestros abuelos: los bolos eran de avellano y no tenían panza ni cabeza, sólo eran palos afilados en la punta, las bolas de encina, talladas trabajosamente con azuela y escofina. La caja se armaba más o menos en el centro de la bolera, cerca de la zona de birle, sin estacas ni argollas en los bolos, siempre a ojo. Esto nos llevaba a situaciones un tanto cómicas, era normal escuchar expresiones como: “¡armador, que el bolu del mediu está torcíu!” “¡que el quince está pa´juera!”. También era normal que las bolas, al no ser perfectamente redondas y lisas, salieran para cualquier lado, dibujando inesperadas trayectorias, ante lo cual los contrarios gritaban: “¡bola finca!” “¡bola queda!” “¡bola pasa!” “¡jolín, embocó con el quince!”.

Cuando la situación económica mejoró se hizo una colecta entre todos los vecinos y compramos un juego completo, con doce bolas y con sus correspondientes argollas ¡fue todo un acontecimiento!. Pero mi bolera siempre tuvo una desigual lucha con la naturaleza, lo cual nos hacía estar siempre alerta: si la peña de Robriguero se ponía negra, era presagio de lluvia y nos inquietaba a todos, y si el Picu Peñamellera se ponía oscuro y con una gorra negra en la cima , había que salir corriendo, pues el aguacero era seguro y casi siempre venía acompañado de fuertes vientos; siempre había alguno que corría y sacaba un tablón de la zona del birle para que el agua continuara su camino. Cuando la lluvia llegaba , el camino se convertía en una turbulenta riega, arrasando todo a su paso, incluyendo la bolera, que si no se le abría la compuerta se convertía en una piscina. Después que se secaba , a comenzar de nuevo, azada, pala, badallo... y a rellenar todo.

Eran tiempos de radio y había otros deportes que llamaban nuestra atención, fuimos partícipes de las copas del Real Madrid, de Di Estefano, Puskas y Gento o de los duelos de Bahamontes y Anquetil en el Tour, o los del "Tarangu" Fuente y Eddy Merckx en el Giro. Pero todo terminaba cuando escuchábamos el tableteo de los bolos, ese repique nos trasladaba a otro lugar, donde los héroes cambiaban de nombre: se llamaban Salas, Cabello, Escalante, Ramiro, El Barberu, Posturas y el más mítico de todos, el Zurdu de Bielva; de él se contaban las más extraordinarias gestas, como que tirando del tiro sacaba un billete o una perrona situada el la cabeza del once, por supuesto, sin tocar el bolo.

En mi bolera nunca se celebró concurso o desafío alguno, pero hizo soñar a muchos jóvenes con emular a sus ídolos. Fue testigo de largas partidas que duraban hasta que el rojizo horizonte que alumbraba la cima de Nedrina se apagaba, y se encendía la luna sobre el Picu, alargando su sombra hasta el río Cares.

Cuando todo quedaba en silencio, mi bolera aún seguía conversando bajo la luna, los bolos redoblando su cantar y las voces de la gente gritando: “¡güena, güena... joer, cómo atropa esi cristianu!” “¡yo pido punta!” “¡yo pido coz!” “¡pina el mico, que está tumbáu!” “¡siete, birló siete, y los otros dos quedaron bailando!”.

Esta fue mi bolera, que fue camino, que fue riega, que fue barro, que siempre fue una.......bolera.

Fuente: - Jesús A. López
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