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Diciembre
1
sab
2012
El hombre tranquilo que arma la bolera
El presidente de la Asociación Bolística «Pico Peñamellera» apadrina en Cantabria el nacimiento de unos premios en torno a la modalidad del bolo palma Maestro y presidente de la Asociación Bolística «Pico Peñamellera»
Isiadro Caballero, El hombre tranquilo que arma la bolera

Isidro Caballero, desde su infinita tranquilidad, consigue casi siempre lo que quiere. Se empeñó en levantar en Panes, su pueblo, el Museo de los Bolos, y lo construyó desde la nada más absoluta. Quiso constituir una asociación bolística para dar realce al bolo palma y ahí está «Pico Peñamellera», obra suya. Después decidió crear unos premios de prestigio y los que llevan el nombre del colectivo ya citado suman dieciocho ediciones y se cuentan entre los más renombrados de esta disciplina deportiva en España. Y todo desde la calma y el sosiego. Sin pausa, sin desmayo, pero sin prisa. Isidro Caballero es un hombre incansable y tenaz, pero, a la vez, tranquilo. Hace unos días, Isidro Caballero apadrinaba el nacimiento del Premio Muslera en Cantabria, donde el peñamellerano goza de gran prestigio.


Nacido en Panes, hace 62 años, fue desde niño un apasionado de los bolos y, en general, del deporte tradicional. Es el más joven de tres hermanos (una cuarta hermana falleció en 1959), soltero por convicción y maestro por vocación. Enseñar es su pasión. De hecho, su relación con el deporte tiene mucho que ver con la docencia y la didáctica. Fue jugador y entrenador de fútbol y no lo hizo mal en ninguna de esas dos facetas del balompié. Como jugador, estuvo en varios equipos, incluido el Deva. Y como entrenador, en alguno más, como el Navarro y el Real Avilés. De hecho fue el último entrenador del equipo antes de la fusión con el Ensidesa y del consecuente nacimiento del actual Real Avilés Industrial. Comenta en ocasiones que lo que le más le atrae del deporte es enseñar. Y que prefiere formar a los más pequeños a vérselas con jugadores ya hechos.


Estudió en la escuela de Panes y después, junto a su hermano Alfredo, exconcejal del Ayuntamiento de Llanes, estuvo interno en el Colegio de los Escolapios de Villacarriedo, en Cantabria. Fueron tiempos duros, porque el «régimen» imperante en aquel recinto era especialmente exigente. Y fue precisamente en el deporte, que tanto le gustaba, donde encontró cierta apertura. En aquel colegio se jugaba a los bolos, al bolo palma -verdadero deporte «nacional» en Cantabria-, que era justo la misma modalidad que se jugaba -y se juega- en la zona más oriental de Asturias. Y también al fútbol. Isidro Caballero empezó a jugar en el Selaya, y fue así que, como practicante de ambos deportes consiguió limitados permisos para salir del colegio. Poco más que a los entrenamientos y, si acaso, una hora de paseo. Menos era nada.


El siguiente paso fue estudiar Magisterio en La Naval de Santander, y a continuación trabajar, un par de años, en un colegio infantil situado en El Sardinero, en Santander, a donde llegó de la mano de Cecilio Testón, hoy cronista oficial de los dos Peñamelleras. Y de ahí, a Avilés, al colegio Santo Tomás, de la parroquia de Sabugo, donde lleva ya más de treinta años.


Jugar a los bolos fue siempre para Isidro Caballero un motivo de alegría y, a la vez, de orgullo. Así lo ha expresado, incluso por escrito, en múltiples ocasiones. Y cree que cuidar el bolo palma, el deporte tradicional en definitiva, es «cuidar nuestra forma de ser». En ese cuidado lleva trabajando con denuedo, sin percibir a cambio nada más que la satisfacción del trabajo bien hecho, desde hace décadas.


Nunca tiene prisa, pero su cabeza nunca para de buscar nuevos proyectos, nuevas metas. El ritmo lo marca él. En las distancias cortas se percibe su bondad, su paciencia y su perseverancia. Hombre dialogante, cariñoso y comprensivo, tal parece que para él no existen fronteras ni límites. Juega con ventaja: no tiene miedo a nada.


Isidro Caballero es reservado, pero no tímido; es apasionado, pero controla perfectamente sus emociones; es educado hasta el extremo, pero puede insistir un millar de veces hasta alcanzar su objetivo. No suelen hacer falta tantas, porque tiene capacidad de convencimiento, atrapa al interlocutor.


Un defecto: tiene fama entre sus allegados de impuntual. Hace años quedó a las tres de la tarde en un establecimiento de Panes con un primo suyo, Luis Ángel Caballero, ya fallecido. Habían quedado para acercarse a Avilés a recoger una revista. De bolos, claro. El caso es que Isidro Caballero no acababa de llegar, así que a media tarde su pariente marchó a la Villa del Adelantado a recoger el paquete. Isidro Caballero llegó a las tres de la tarde? del día siguiente. Quien piense que este sucedido tiene que ver con un despiste o con la informalidad, yerra; tiene que ver con un hombre que vive a su manera, a su bola y a su ritmo, con un espíritu libre que no rinde cuentas a nadie. Él siempre cumple, si no puede ser hoy, será mañana. Eso sí, con tranquilidad; esa que no falte.

Fuente: La Nueva España - Ramón Díaz
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