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Junio
8
sab
2013
Jesús San Román López, Homenaje recibido en Suarías
Jesús San Román en compañía de José Manuel Fernández, alcalde de Peñamellera Baja y Juan Manuel Martín, presidente de la Asc. El Cantu La Jorma.

La Asociación EL CANTU LA JORMA, en una acertada decisión (a mi particular entender) ha decido ofrecer a Chucho un sencillo y cariñoso homenaje por su dilatada trayectoria profesional en la farmacia de Panes y, cómo no, por su trayectoria vital ejemplar.

A mí me corresponde decir algunas cosas sobre él, que no van a ser muchas, porque todos le conocéis, le tratáis a diario y sabéis de su vida tanto como pueda saber yo.

Para hablar de Chucho hay que hacerlo en dos proyecciones, en dos dimensiones, porque Chucho son dos personas, bajo un único carné de identidad. Me explico:
Uno es Jesús Sanromán López, nacido el 25 de diciembre (que eso sí que es chulería) de 1941. Hijo de Rosario y de Primitivo.
Chucho, el penúltimo de 7 hermanos, permanece en Panes, no opta, como sus hermanos varones, por la emigración. Él hará crecer sus raíces en su tierra natal, pero aún le quedaba mucho por delante.

Siendo casi un niño, se incorpora (por mediación de don Andrés, cura de Panes) a los misioneros de la Sagrada Familia en Arcentales (Bilbao). Allí estuvo durante tres años y allí adquirió muchas cosas, aunque muchas de ellas ya las traía innatas. Con independencia de un buen bagaje cultural y humano, Chucho adquiere unos principios que no abandonará nunca y que han sido la bandera de su propia vida.

De Jesús Sanromán López se pueden decir muchas cosas, pero hoy no es el momento. Hoy es el momento y la oportunidad de hablar de “Chucho el de la botica”, a la que se incorpora el día 6 de octubre de 1955, y en la que permanecería, como mancebo, la friolera de 51 años, con el lapsus de su servicio militar en África (por eso cree en el “más allá”) donde se rodeó de buenos amigos como el que fuera consejero de Interior y, posteriormente, presidente del Parlamento vasco, Juan María Atutxa, que en más de una ocasión vino a visitarle por Panes.

Los primeros años, recuerda Chucho, elaborar de forma artesanal muchos de los medicamentos que dispensaban los médicos de la zona, (pomadas, piramidón para bajarnos las fiebres, remedios para los estómagos que ardían, vomitivos para los empachos...) Recuerda, asimismo, aquel trato directo y humano con los pacientes, que casi más que al médico, consultaban al farmacéutico, lo que derivaba en una estrecha relación asumida por Chucho con lealtad, discreción, cariño y buenos modos.
Yo no recuerdo haberle visto nunca enfadado. No le recuerdo un mal gesto, ni una contestación, o frase, salida de tono.

Por esto, por sus 51 años de servicio, por su entrega y bondad y muchas más cosas de todos conocidas. Porque fue un profesional como la copa de un pino, porque contribuyó, desde distintos frentes al bienestar de su tierra, colaborando en distintas iniciativas, deportivas, culturales, sociales…Por esto, sencillamente, se le homenajea hoy aquí.

Quizá existan otros profesionales que también se merezcan un reconocimiento similar, pero ¿Por qué el Cantu la Jorma ha elegido a Chucho? Yo lo tengo claro y sé que ustedes también, pero quizá sea un buen punto de meditación.

Fuente: Asociación Pico Peñamellera - Alfredo Caballero Sardina
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