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Abril
22
dom
2007
Boda palma en Panes
José y Lore, durante la ceremonia

El Museo de los Bolos de Asturias, en la capital de Peñamellera Baja, acogió ayer la celebración de un casamiento

Ayer se quitaron la soltería de encima y se dieron el «sí quiero» ante más de un centenar de testigos. Familia y amigos de José y Lore, él de Panes y ella de Gijón, estaban citados en el día de ayer, a las seis y media de la tarde, en Panes, en el concejo de Peñamellera Baja. Ese día, a esa hora y en ese lugar habían decidido casarse. La convocatoria nupcial precisaba dos cosas: que el banquete posterior al enlace iba a celebrarse en un restaurante de la villa, El Tilo, y que dicho enlace tendría lugar en el Museo de los Bolos de Asturias.

«¿Dónde va a ser la boda?». «¿Que os casáis en una bolera?». Raquel, amiga y madrina del novio, recuerda que cierta confusión reinó entre la pandilla de amigos cuando José y Lore anunciaron que su boda por lo civil no sería en el escenario habitual en estos casos, el Ayuntamiento. El descarte puso el punto de mira en otro edificio municipal. A la vera de la plaza de Panes, la casona de los bolos se presentó entonces como un enclave idóneo. Un edificio «emblemático», cuenta José mientras trata de doblegar los nervios previos a la llegada de la novia.

Aunque en un principio habían contemplado la posibilidad de que la ceremonia tuviera lugar dentro del museo, pero dado que el espacio era limitado para que todos los asistentes pudieran seguir el enlace, optaron por hacerlo en el exterior.
Fútbol, no bolo palma
La decisión, por tanto, nada tuvo que ver con la práctica deportiva del novio, ex jugador del equipo de fútbol del Peñamellera, pero poco o nada ducho en el juego del bolo palma, que es la modalidad practicada en la zona más oriental de Asturias.

Bajo los arcos de la fachada principal de este edificio de estilo montañés, una mesa engalanada aguardaba el inicio de la ceremonia civil que iba a oficiar el alcalde del concejo. Mientras, en la plaza del museo la espera se mitigaba con sidra y el último ensayo de la «Coralina de Quintueles» antes de dar el do de pecho. Por cierto, que entre las diez voces dispuestas a sorprender a los novios figuraba la de Carmen, la madre de la novia. Una de las tres únicas personas que sabían de alguna que otra sorpresa más.

El atardecer de ayer en Panes hizo gala de un espléndido sol, como Quino, el hermano de la novia, de sentido del humor y, por supuesto, de interpretación. Hace tiempo les había asegurado a José y Lore que para el día en que celebraran su boda idearía alguna sorpresa.

A las seis y media de la tarde, los novios, acompañados de los respectivos padrinos, Lucas y Raquel, eran recibidos por el Alcalde para iniciar la ceremonia. Pero en tan singular escenario, el oficiante interrumpió su discurso para colaborar con un «espontáneo sacerdote» que, en clave de humor y con sotana hasta los pies, le dio a su hermana y cuñado consejos para que tengan una vida matrimonial próspera, prolongada, saludable y respetuosa.

Un guiño de humor y cariño que fue recibido de la misma forma por todos los invitados a la ceremonia y tras el cual, se cumplió formalmente con el casamiento civil. Luego, besos y enhorabuenas se cruzaron bajo los arcos de la casona de los bolos donde tampoco faltaron Antonio Corral y Francisca Torres, pese a que sus 92 y 87 años, respectivamente, hacen mella en su salud.

«Estamos muy fastidiados, pero también muy emocionados», contaba Francisca después de fundirse en un emotivo abrazo con su nieto José frente a la fachada principal del Museo de los Bolos.

Fuente: La Nueva España - Rebeca Aja
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