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Marzo
12
vie
2010
La abuela de Ruenes
Ramona Antón Gonzalo, en el salón de su casa de Ruenes. rebeca aja

Recién cumplidos los 100 años, Ramona Antón Gonzalo rememora sus vivencias como sirvienta y como niñera

Ramona Antón Gonzalo acaba de cumplir 100 años en su Ruenes natal, en la casa del barrio de El Corral donde nació el 4 de marzo de 1910. Una mujer centenaria hecha de una pasta especial, de esa que le hizo encarar las penurias de la vida rural a comienzos del siglo pasado para labrarse un futuro. Ramona pudo haberse quedado a trabajar el campo, pero se fue a servir en casas de buen postín siendo aún chavala, «era como mejor estábamos en aquella época, bien vestidas y con comida». Y como sirvienta y niñera trabajó en Llanes, en Santander y hasta en Marruecos, en la ciudad de Larache.

Sentada en el salón de su casa de Ruenes, al calor de la chimenea, Ramona recapitula algunos episodios de su longeva vida mientras los baches propios de una memoria centenaria los salvan su sobrina, Carmen Gómez Antón, y el marido de esta, José Lobeto López. De entrada, Ramona subraya que es viuda de Baltasar Vidal, a quien conoció en la fábrica de curtidos de Mollet del Vallés (Barcelona) donde ambos estaban empleados «Tenería Moderna Franco Española S. A.», cita textualmente, mientras asegura sentir aún el brazo derecho dolorido de esparcir la sal sobre las pieles. No tuvieron hijos, pero a esta centenaria no le falta familia para que la atienda, la acompañe y la felicite en cada aniversario. Como el de 2010 era especial, «pedí que viniera todo el mundo», así que terminó por organizarse una gran fiesta de cumpleaños en las antiguas escuelas de Ruenes, a la que asistieron familiares, amigos y vecinos.

Dos anécdotas acuden a la cabeza de Ramona. Recuerda que, trabajando como niñera en Llanes, «reñí con la señora, cogí la maleta y me marché. Pero como no tenía confianza para decirle a nadie del pueblo que si me podía quedar en su casa, tiré para el monte y dormí en el Cuera, en Concha Mala, al aire, con la única compañía de los campanos de las vacas».

También cuenta que trabajó 22 años cuidando al hijo de un comandante de marina en una casa del Paseo Pereda, en Santander. Terminada su etapa como niñera y viviendo en Llanes, Ramona reconoció en la televisión a quien, durante más de dos décadas, estuvo a su cargo y que acababa de ser nombrado jefe del Estado Mayor con el primer gobierno socialista de Felipe González. Y como a Ramona le vinieron la morriña y las ganas de volver a verlo, José Lobeto gestionó la visita al Ministerio y llevó a Ramona a Madrid, donde volvió a reencontrarse con su antiguo pupilo. «Le llevé chorizos de Ruenes», apunta, mientras su sobrina, Carmen, le acerca la foto del encuentro con dedicatoria: «A mi querida Ramona, con mis mejores deseos».

Fuente: La Nueva España - Rebeca Aja
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