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Marzo
21
lun
2011
«Da rabia desorientarse, pero volveremos al monte»
Localizan en La Borbolla a Bernardo y a su nieto Pablo, los excursionistas perdidos por la niebla en El Cuera
Bernardo y Pablo, durante la tarde de ayer en Panes. :: ACEBAL

Pablo, de ocho años, nunca va a olvidar la tarde que pasó junto a su abuelo, al que adora, caminando entre la niebla cuando bajaba del Pico Paisano, en la Sierra del Cuera (Peñamellera Baja). Poco a poco se iba haciendo de noche, el frío empezaba a arreciar y el horizonte se antojaba difuso, apenas si se veían 15 metros alrededor. Pero ya era el último trayecto de una excursión como otras tantas. Pablo sabía que era el descenso hasta llegar a Panes, el punto de salida. Era el final de una ruta que se inició coronando el simbólico pico peñamellerano junto a su abuelo, Bernardo García, 'Nardín', de 58 años. Sin embargo, algo no marchaba bien, aunque a él nadie le dijera nada para no asustarle. La espesa y persistente niebla habían hecho que su abuelo se desorientara y fue entonces cuando comenzó esta historia.
Ambos son el tándem perfecto para excursiones, han hecho infinidad de rutas juntos y jamás habían tenido ningún problema. El amor y el respeto que le tienen al monte, tanto el abuelo como el nieto, se mide a partes iguales. Por eso lo que ocurrió el pasado sábado, «da mucha rabia», dice Nardín, pero no impedirá que «volvamos al monte». Pablo se lo pedía a su abuelo cuando terminaba esta historia, unas seis horas más tarde de haber empezado. «Esto es sólo un incidente ¿eh, 'güelo'?, vamos a volver ¿a que sí?», reiteraba el pequeño.
Nardín y Pablo habían salido de la localidad de Panes a las diez de la mañana. Hicieron cumbre en el Pico Paisano y comenzaron el descenso. «Cuando llegamos a la base ya estaba la niebla cerrada», relata Nardín. «Conozco la zona y tenía esperanza de que levantara pronto, como suele ocurrir», con lo que continuó por el camino que tantas y tantas veces había transitado este vecino peñamellerano residente en Mieres. Pero «empecé a ver vegetación que no era propia de la zona» y fue entonces cuando realmente se dio cuenta de que «estaba despistado». Eran las seis de la tarde «y si hubiera ido solo, no me hubiera importado hacer noche allí, en alguna cueva de la zona o por algún rincón a la intemperie». Sin embargo, «no tenía ropa suficiente para que mi nieto pasara la noche» y decidió dar aviso al servicio de emergencias.
Se activó a las 18.03 de la tarde del sábado el dispositivo de búsqueda y el helicóptero de Bomberos de Asturias emprendió su marcha. Mientras tanto, Bernardo sabía que lo más inteligente era «no movernos de donde estábamos, no caminar más» y así lo hicieron. Pero hacía frío y el niño comenzaba a notarlo «aunque nunca se quejó», dice orgulloso su abuelo. Aún así «empecé a apretarle contra mi, dándole masajes con las manos para que no se enfriara demasiado». Y lo consiguió porque «se durmió durante dos horas», recuerda.
La noche había ido cayendo y la aeronave tuvo que regresar a su base. La búsqueda continuó a pie y fueron dos miembros de la Guardia Civil de Montaña de Cangas de Onís junto a tres pastores de la zona de Noriega quienes continuaron con el dispositivo de rastreo por tierra. El contacto telefónico «nunca cesó», dice Bernardo. «Siempre estuvieron pendientes de nosotros, y de nuestra familia», agradece.
Fue una tarde larga, aunque realmente podría haberlo sido más. Pablo y Bernardo estuvieron desorientados, perdidos, más de cinco horas. Pablo había encontrado por la mañana un fósil con forma de pez y «cuando veía que la espera se alargaba me decía que hasta su fósil daba por dormir en la cama abrazado a mi», recuerda su abuelo.
«Serían las once y media de la noche cuando levantó la niebla y ya empecé a ver los pueblos, sus luces y un faro», narra. Entonces supo que el camino que había tomado no era hacia Panes y lo que tenía en frente se parecía más a la costa. Estaba en la otra cara de la sierra, en otro concejo, en Ribadedeva, entre Noriega y La Borbolla, tal y como supieron más tarde. Nardín llamó entonces al número de emergencias para advertir del nuevo escenario. «Les dije lo que veía» y aquello les facilitó el camino. «No había pasado ni media hora cuando les empecé a intuir muy lejos», y entonces «les grité, saqué un llavero que llevaba y que tiene una luz y comencé a hacerles señales, siempre es mejor la luz porque la voz se distorsiona y puedes dudar de su procedencia», advierte. Ellos contestaron a sus «señales de voz» y se estableció de nuevo el contacto telefónico. Quince minutos después el contacto era visual. Pablo sabía que ya dormiría en su cama, no quiso saber nada de ningún trueque con su fósil...
Cuando llegaron «nos dieron bebida y comida» y abrigaron a Pablo. Uno de los guardias subió al pequeño a hombros e iniciaron la vuelta a casa, esta vez sí. Pablo regresó sano y salvo junto a su abuelo. A la una y media de la madrugada ya estaban en la plaza de Panes. Durmió en su cama, y también su abuelo, gracias «a los fenómenos de los guardias y los pastores», dice Nardín «eternamente agradecido».

Fuente: El Comercio - Eva SanRomán
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