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Noviembre
1
vie
2013
La riqueza arqueológica de Coímbre, clave para conocer las costumbres del Paleolítico
La cueva del Cares, primer yacimiento del Cantábrico que muestra evidencias del consumo de conejos
José Yravedra -izquierda- y David Álvarez. Luisma Murias

Entre los Picos de Europa y y la sierra del Cuera, la cueva de Coímbre (Peñamellera Alta) se asoma al valle del Cares como un enclave excelente para la caza y la pesca. Hace más de 20.000 años fue estación de paso para los grupos humanos que frecuentaban la zona, y más tarde, ya en plena etapa Magdaleniense, cobijo temporal, y a veces duradero, de aquellos Sapiens que inundaron la zona de pinturas y grabados.

En Coímbre, también conocida como cueva de las Brujas, dejaron una excelente colección de grabados cuya cabeza visible es un gran bisonte que preside la zona de paso, pero también destaca una serie de catorce figuras de animales y ocho signos, realizados con trazo fino en un camarín ocultó en el interior de la caverna.

Si el arte parietal de la cueva se conoce desde hace varias décadas, no sucede lo mismo con el yacimiento arqueológico, empresa puesta en marcha hace cinco años y en el que se viene trabajando varias semanas cada verano. A pesar del poco tiempo y el reducido espacio excavado, David Álvarez y José Yravedra, responsables de la excavación, desvelaron ayer datos que convierten el yacimiento en un lugar importante para reconstruir el comportamiento humano y los hábitos etológicos de aquellos asturianos del Paleolítico.

Una de las curiosidades que se han podido corroborar como resultado de la excavación es el consumo de conejos. Es el primer emplazamiento paleolítico del Cantábrico en el que entre los restos de fauna de diferentes especies aparece un importante número de huesos de conejo, lo que no es frecuente. Se aprecia asimismo un alto consumo de carne de cabra durante el Magdaleniense, lo que cambia totalmente en el periodo anterior (Gravetiense cuando el uro (variedad de toro salvaje) está mucho más representado.

La excavación en la que trabajan tiene una superficie de 4 metros cuadrados de los que han salido 78.000 restos de fauna, además de numerosas piezas elaboradas de industria lítica y ósea. La abundancia está indicando que Coímbre fue un reducto muy habitado, con una ocupación importante al final de la secuencia Magdaleniense, de la que proceden interesantes piezas líticas -rodetes, azagayas, espátulas- así como multitud de objetos de adorno. David Álvarez habló de 500 piezas retocadas y de una colección de industria ósea muy rica, en la que destaca un singular arpón y algunos colgantes.

Fuente: La Nueva España - M.S.M.
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