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Diciembre
30
sab
2017
Peñamellera y la deuda de gratitud con su cronista
El homenaje en Panes a Cecilio F. Testón, que enriqueció el patrimonio de nuestros valles.
Cecilio F- Testón

Cuando se cumplen seis meses del fallecimiento del cronista oficial de las dos Peñamelleras, Cecilio Fernández Testón, el Ayuntamiento de Peñamellera Baja celebrará hoy un Pleno extraordinario para recordar su figura. Media hora más tarde, junto al puente de Panes, se descubrirá un busto en su honor realizado por el artista Ramón Alzola Llamero. Fernández Testón fue, además de un gran escritor, pintor y profesor, una persona tremendamente querida y respetada que dejó una gran huella, como queda reflejado en el artículo bajo estas líneas.

El homenaje en Panes a Cecilio F. Testón, que enriqueció el patrimonio de nuestros valles.
Hoy, a las 11.30 horas, será inaugurado en Panes el busto de Cecilio F. Testón (Siejo 1936-Gijón 2017) con el que el Valle Bajo subirá al bronce al hasta hace poco único cronista oficial de ambas Peñamelleras. El busto, obra de Ramón Alzola Llamero (peñamellerano de Buelles) quedará ubicado a la entrada del puente, a mano derecha, en un espacio desde el que Cecilio puede contemplar el Pico de Peñamellera, cuyo perfil pintó como nadie y además en numerosísimas ocasiones. Este es el segundo busto con el que a partir de ahora contará Panes. El primero, en honor de Ángel Cuesta, gran benefactor del concejo, data de 1935 y está situado en el parque que lleva su nombre, en el barrio de La Plaza, siendo ya un elemento de la identidad del pueblo. Ambos personajes tienen en común no haber nacido en la capital del concejo, haber salido bien jóvenes del Valle buscando horizontes mejores que los que ofrecían las montañas que cierran nuestra tierra y no haberse olvidado ninguno de los dos, como hijos bien nacidos, de dónde procedían.
Uno volvió ocasionalmente varias veces (Ángel) y otro (Cecilio), con una emigración más liviana, pero a la postre también emigración, regresó tantas veces y llenó tantos huecos que casi nos dio la impresión de que nunca se había marchado.
Hoy nuestro Ayuntamiento, en nombre de todos los vecinos, sube a nuestro querido amigo Cecilio Testón al bronce. Lo hace, entiendo, con el ánimo de seguir cumpliendo con él nuestra deuda de gratitud. El busto enfatiza el ejemplo de amor y compromiso con Peñamellera, fundamentalmente con el Valle Bajo, y nos permitirá seguir sintiéndole próximo.
Acciones de este tipo contribuyen a que su personalidad quede perpetuada y contribuyen, al me-nos simbólicamente, a abrirle un espacio hacia la inmortalidad que merece. Este busto que hoy inauguramos va a contribuir, en el presente, a que el protagonismo de Cecilio sea mejor conocido, y en el futuro a convertirlo en una referencia documental fidedigna de su tiempo.
Ahora nos queda divulgar su figura para que no pase como con Ángel Cuesta, “del que muchas generaciones sólo supimos que había sido un hombre importante en Tampa-Florida y que había vivido en El Collao, esa casona solariega entre árboles centenarios que nos hacía magnificar más la figura de un personaje al que nunca vimos”, se lamentaba hace poco en la revista “Bolera” Javier G. Cuesta, actual párroco de San Pedro (Gijón), nacido en nuestro concejo.
Hoy me gustaría colocar a nuestro querido y admirado Cecilio F. Testón como nuestro gran quijote, uno de esos hombres capaces de defender empeños rectos e iniciativas llenas de entusiasmo, utopía y nobleza de forma desinteresada. Su queridísimo Valle Bajo de Peñamellera es un testimonio significativo de dedicación y generosidad incondicional, que también tendríamos que hacer extensivo al “Cueto Alto” y a Cantabria (Santander), al centro de Asturias (Gijón) y a Covadonga, ese lugar que siempre cautivó a Cecilio porque, a su importante significación espiritual, añade el hecho de haber sido para él referencia de huellas y afectos de su infancia y adolescencia en sus tiempos de escolano. Por eso dedicó desde allí energías y su mejor ánimo al proyecto “Primorias”, que durante tres ediciones trató de tender puentes de identidad emocional entre las dos comunidades autónomas, Asturias y Cantabria. Cecilio fue un hombre elegante, algo unamuniano y también renacentista, porque pocas cosas son las inquietudes y saberes que le han sido ajenos. A su formación filosófica fue sumando otros muchos conocimientos: geografía, historia, música, pintura, literatura… Fue profesor, pintor, restaurador, escultor, escritor, conferenciante… Publicó poesía y cientos de artículos sobre las dos Peñamelleras tras investigar en numerosos archivos de toda España, lo que le convirtió en el estudioso más importante de la historia de los dos concejos y en el primer cronista oficial de ambos con título oficial pero honorífico.
Testón, aunque emigrante, nunca llegó a desarraigarse del Valle, ni siquiera en aquel tiempo (escaso) en el que “me sometí a un ostracismo voluntario”, justificó él. Ello fue debido fundamentalmente a tener muy frescos los recuerdos de su infancia: ¡Cuántas vivencias de las aceras de Panes!… Esa memoria de los nombres propios de la tierra (Ruargañu, Robea, Lorria…) que cita en ese romance dedicado a la Virgen de Espioña cuyo lugar le sirvió tantas veces para “mascar” sus soledades, sus soliloquios y darse al silencio sintiendo de cerca a la “madre protectora”; la comunión con la tierra, el paisaje, la longevidad de sus padres (Oliva y Julián), con quien siempre estuvo muy identificado... y Marisol.
Eso nos ha permitido contar regularmente con su persona, que ha enriquecido el patrimonio de nuestros Valles, su memoria histórica, su cultura, sus tradiciones y un buen número de actividades deportivas, sociales, religiosas… además de ser un agente importante de cohesión social. Nuestro concejo pierde con su fallecimiento una porción importantísima de su patrimonio.
Creyente y practicante, cada año se refugiaba unos días en un monasterio para darse a la lectura, la espiritualidad y el silencio. El último año lo había hecho en el incomparable marco de San Pedro de Cardeña.
Fue un ciudadano singular, quizás irrepetible, y sobre todo un hombre bueno. Ahora que ya no está tengo mis dudas de si supimos valorarlo como merecía. Fue tímido y emprendedor, ponderado pero crítico, austero y generoso, clásico y moderno… siempre estuvo cerca, disponible, atento. Nunca exigió, ni presumió, ni se quejó de nada. Apreció la amistad, la buena mesa, y disfrutó del ambiente de las tertulias, de la cercanía de sus amigos y del cariño de sus paisanos.
El relato exhaustivo de todas su virtudes, sus brillantes actividades profesionales, iniciativas, aficiones, apoyos logísticos a tantas y tantas cosas, que procuró llevar a cabo siempre con cierta rapidez antes de que los pesimistas de guardia vencieran su entusiasmo, consumirían líneas que alargarían mucho esta exposición, pero no quedan en el olvido.
Yo conocí a Cecilio siendo niño, y desde entonces he tenido con él una relación cercana, a pesar de la diferencia de edad, que se incrementó en este último cuarto de siglo, en el que compartimos ideas, ilusiones, proyectos y, cómo no, desencantos y frustraciones, pero no recuerdo que por ello mi relación con él se deteriorara.
De todas las dimensiones de la personalidad de Cecilio me quedo con la de hombre (ciudadano Testón) y, sobre todo, con la de “hombre hacedor”, que construye, fabricador de ilusiones… leal… Siguiendo a Alejandro Pronzato, “no ignora la realidad en su aspecto más desilusionante, sino que logra verla no sólo como es sino también como debería ser. Y no se resigna a que sea así”. No es un optimista, es un vitalista. Cecilio arriesgó en generosidad y nunca tuvo el prejuicio o la prudencia (por miedo a arriesgarse) del temor a parecer ingenuo, pues sabía que para adoptar una actitud desprendida hoy en día es necesario bajar las defensas sociales y que la bondad es muy poco presentable si no va acompañada por un evidente aire de astucia, en este mundillo de ambigüedad donde muchas veces no se sabe si subimos o bajamos, vamos o venimos…
En estos últimos 25 años Cecilio ha desafiado a los que se encierran en la idea de que la vida, cuando ha alcanzado la madurez, solo puede declinar, cuando es el tiempo de la recolección. Él lo ha demostrado, nos ha ilusionado, nos ha hecho mejores… Nos ha ayudado a soñar, a creer en nuestros sueños y comprometernos con ellos.
A seguir comulgando con nuestra tierra, en la que todavía tenemos fuerza para ir juntos a la bolera y organizar las fiestas y donde, al menos en el verano, tenemos un capital social muy digno. Y también a seguir exhibiendo, con orgullo, el sentido de pertenencia, a sentirnos más vivos y a seguir descubriendo que esta tierra todavía, tiene alma y futuro.
¡Gracias, Cecilio!

Fuente: La Nueva España - Isidro Caballero
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