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Mayo
22
mar
2018
Las Peñamelleras piden controles en el Cares para evaluar los daños del vertido
Se cumple un año del accidente que derramó 30.000 litros de gasoil al río y en los Consistorios «no constan» estudios sobre sus efectos
El Cares ayer a su paso por Niserias, en el punto donde se produjo el vertido de gasoil. / FOTOS: JUAN LLACA

Hace justo un año, Niserias se despertaba sacudida por un fuerte impacto que trastocaría durante meses el sosiego habitual de este núcleo rural de Peñamellera Alta. Eran las 8.25 del 22 de mayo y el camión de un cántabro de 37 años acababa de volcar a la altura del bar La Central, provocando la muerte del conductor y vertiendo al Cares 30.000 de los 32.000 litros de gasoil que transportaba con destino a la gasolinera de Cabrales.

José Millán, propietario del establecimiento y residente en el mismo inmueble, junto a la AS-114, fue el primero en atisbar la catástrofe. «Estaba durmiendo tranquilamente y pensé que se había caído la montaña abajo», recuerda. El aniversario que hoy se cumple sigue muy presente en este vecino, que tuvo que abandonar su hogar y cerrar su negocio durante un mes debido a los fuertes olores del combustible. Pasado ese tiempo, cuenta, los restos del gasoil tardaron en desaparecer. «Mi mujer pasó unos días vomitando. El médico nos dijo que fuéramos a dormir a otra parte, pero ¿a dónde íbamos a ir?», lamenta.

Un año después, considera que la situación ha vuelto a la normalidad, pero la carretera «está como estaba, no se hizo nada». Tras el accidente, con precedentes en ese mismo punto, tanto vecinos como Ayuntamiento de Peñamellera Alta reclamaron dotar de mayor seguridad al vial. «El límite está a 50, pero los coches y las motos entran a mucho más. Ya saltaron varios coches delante de casa», indica Millán.

Para el alcalde de Peñamellera Alta, José Antonio Roque (Foro), la mejor solución sería la instalación de badenes y en ello dice estar trabajando junto a la Consejería de Infraestructuras. «A ver cómo lo encajan en los presupuestos», indica. A raíz del accidente, Roque también se puso en contacto con la Delegación del Gobierno para solicitar más controles por parte de la Guardia Civil. «Colocaron algo el radar al principio», explica.

A la preocupación por la seguridad se suman los posibles efectos medioambientales del vertido de gasoil. «No nos llegó nada del estudio biológico que dijeron que iban a hacer», afea al Principado el regidor de Peñamellera Baja, José Manuel Fernández (PP). Niserias se encuentra tres kilómetros río arriba de su concejo y desde el primer momento se temió el efecto de los vertidos en el municipio. «A raíz de aquello aparecieron unas algas con un crecimiento extraordinario que nos dijeron que podía ser consecuencia de que se alimentaban de los productos contaminantes vertidos», explica Fernández. La presencia de esas plantas acuáticas, de un color negruzco, fue advertida por los pescadores en el mes de junio, que observaron que aparecían únicamente por debajo de la presa de Niserias.

Repoblación de salmones
La fauna del Cares fue otra de las damnificadas por el vertido, que acabó con 168 truchas y tres salmones muertos retirados, según datos del Principado. «El daño fue importante y se va a notar más dentro de cuatro años», apunta el presidente de la Sociedad de Pescadores del Cares-Deva, Onofre Bárcena. Los efectos, abunda, se harán palpables cuando el ciclo de los salmónidos llegue a la reproducción.
«A vista de un año nadie hizo nada, la consejería repobló lo mismo de todos los años, que es mínimo», lamenta el pescador Nicolás Sánchez. La petición del colectivo pasa precisamente por aumentar las repoblaciones, «la única manera de recuperar el río». Notan, además, una creciente presión de especies como las nutrias y los cormoranes que «acaban con veinte ejemplares al día» de reo, trucha o salmón.

Tampoco la limpieza del vertido consideran suficiente. En los primeros días después del accidente se instalaron en el Cares 'gusanos' de polipropileno para absorber el hidrocarburo, pero aún en julio los ribereños decían observar su persistencia. La limpieza final llegó este invierno y no vino «de los humanos», sino de la propia naturaleza, explica Bárcena. «Mejoró con las riadas», afirma.

Por su parte, desde los ayuntamientos insisten en la necesidad de evaluar la situación medioambiental. «Se necesita un plan para el Cares y una valoración de las consecuencias. Se ha invertido menos esfuerzo en repoblar y limpiar que en otras zonas de Asturias. Ha sido el río más sacrificado», sostiene el regidor de Peñamellera Baja. La «dejadez» del Principado y la Confederación Hidrográfica del Cantábrico (CHC), censura, «llega hasta el punto de que estamos nosotros limpiando los accesos a los cotos de pesca porque nos da vergüenza como están. De estos ríos nace la hostelería de la zona», defiende.

Fuente: El Comercio - G.Pomarada
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